La “ONSE”

 

 

En todas las conferencias, seminarios y talleres que hemos realizado a lo largo de los últimos años siempre hemos constatado un hecho que tampoco es ningún secreto: así como la población general conoce perfectamente qué es la ONCE, la inmensa mayoría de la misma desconoce por completo qué son CNSE, FIAPAS, CNLSE, AICE y las principales federaciones y asociaciones relacionadas con la sordera. Con ironía siempre mostramos una pantalla con el logotipo de la ONCE y pedimos que levanten el brazo todos los asistentes que conocen esta entidad, y seguidamente les mostramos el mismo logotipo modificado cambiando la C por una S (de sordera) y con el pictograma de la persona ciega retocado quitando el bastón y añadiendo un audífono que refleja la sordera. Una simple manera muy superficial de dar a entender que por desgracia no contamos con un reconocimiento para la sordera como el que tiene la ceguera. Posteriormente también mostramos los logotipos de las federaciones españolas de sordera y aún así raramente observamos algún brazo alzado que los reconozca. Y cuando es reconocido algún logotipo, casi siempre es por proximidad al tener algún familiar afectado o trabajar en el ámbito.

¿Por qué tenemos este nulo reconocimiento general? Siendo siempre odiosas las comparaciones (no pretendemos compararlas ni de lejos), llama la atención el desconocimiento de un ámbito que tiene una afectación muy elevada en la población y que se encuentra en el tercer escalafón del podio mundial solamente por detrás de las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. No nos cansaremos de repetirlo, también se encuentra en la paradoja de estar en los últimos escalafones en lo que a inversión se refiere. Así y tristemente, observamos con frecuencia como tantísimas otras afectaciones muchísimo menores disponen de ingresos e inversiones más de 10 veces superiores a la sordera. Como si fuera algo excepcional… Claro que es algo normal en una cultura donde separamos “duros de oído” y sordos, donde los conflictos por intereses en el sector están desde tiempos remotos, a la orden del día.

*Imagen del blog Turquinauta

Es frecuente ver noticias relacionadas con la tecnología -sobretodo- y con no tanta frecuencia, sobre la Lengua de Signos entre otros. Pero… ¿Cuántas veces observamos artículos mencionando el histórico conflicto sordo? ¿Por qué no hablamos sin tapujos de todo aquello que nos dificulta el entendimiento entre las distintas “facciones”, “bandos” o incluso “pertenencias” que forman el ámbito sordo? Es evidente que a mayor distancia entre éstas, mayor será la incapacidad de hacer un frente común para la concienciación pública entre otros aspectos a divulgar. ¿Qué esperamos para mediar y trabajar en la resolución de conflictos internos? O mejor dicho, ¿por qué no nos interesa ni mediar ni solucionarlo?

Y es que no podemos descuidar que tratamos de un ámbito con numerosos stakeholders: los sanitarios, los representativos, los educativos, los administrativos, los industriales, el tercer sector, el económico, el legislativo… Y en muchos de ellos existe conflicto. Y cuando no existe se evidencia cierta pasividad respecto los demás “stakeholders”. Cada grupo de interés refuerza su postura única y complica la mediación. Es frecuente oír a un profesional de un grupo de interés comentar que no le compite intervenir en los demás grupos de interés. Y eso a parte de no ser cierto, dificulta las labores de mediación y superación de conflictos. Es como si un constructor de ruedas para coches dijera “no quiero saber nada de los que fabrican coches, de los que los venden, de los que los reparan…”. Un sinsentido absoluto que en el ámbito sordo se ha convertido en norma general. Casi una postverdad ahora que está de moda usar este concepto.

Por supuesto no es necesaria una “ONSE” pero sí es urgente una estrategia de mínimo entendimiento mutuo entre federaciones y grupos de interés en lugar de ir cada uno “a su bola”. No se les pide que se cojan de la mano y vayan soltando florecitas por el campo, ni mucho menos. Se les pide simplemente, que no actúen como únicos expertos “en lo suyo”. Podemos ser los mejores individualmente pero no servirá de nada si no sabemos encajarlo en la sociedad y en la comunidad. Cuando los stakeholders se ciñen a su propia área, descuidan muchísimos inputs (y outputs) que les darían mayor y mejor valor.

Creemos que tarde o temprano la mediación tendrá su oportunidad en el ámbito de la sordera y permitirá avances que de momento ni siquiera podemos imaginar. Avances que en otros países llevan años experimentando gracias, precisamente, a la confluencia de intereses entre los distintos y variados grupos de interés. Y es que la sordera, si es que tiene ninguna “propiedad” exclusiva, es de cada persona sorda. No es algo que inmiscuya solamente a un único grupo de interés. Cuando nos quejamos de monopolios industriales olvidamos que estos monopolios pueden -y son- ser ejercidos por los demás stakeholders, también. Y aunque a primera vista no sean tan “visibles” no dejan de ser escollos para el progreso del ámbito sordo. Cuando en un frente solamente avanza un soldado raso, se encamina éste hacia un suicido quedándose los demás soldados del frente como meros espectadores. Llevamos muchísimos lustros viendo iniciativas y propuestas que a falta de un consenso más general y compartido en el ámbito, se estrellan en la buena intención y en la nula eficacia. En cualquier caso, siempre es el ciudadano sordo el que recibe las consecuencias. Y acostumbran a ser nefastas.

Ahora es un momento con un “boom” de mediadores, ¿quién liderará alguna voluntad exitosa de pacificar el conflicto latente desde tiempos inmemoriales? ¿O seguiremos estando obligados a ser hooligans de una de las facciones? Como decía uno de nuestros compañeros hace ya unos años, en la sordera no vale no formar parte de ningún equipo, “hay” que lucir algún escudo. No vale decir “me gusta el fútbol” sino que tenemos que especificar que somos del “Barça” o del “Madrid”. Y así nos va, tropezando mil veces con la misma piedra aún sabiendo dónde se encuentra y cómo se las gasta. No aprendemos…

 

 

Un americano cargado y sin azúcar, camarero. Por favor.

 

 

 

Población con sordera, el eterno debate

Poniendo como premisa fundamental la consideración de población de personas sordas como todos aquellos ciudadanos que tienen uno u otro grado de sordera reconocido (y no solamente casos de sordera profunda), queremos lanzar una propuesta de reflexión en la que hemos insistido muchas veces.

En España se declara solamente 1/8 parte de su población de personas sordas (todavía menos en el caso de Cataluña, de 1/10 parte aproximadamente), si tenemos en cuenta las referencias que nos brindan las estadísticas que ofrecen Estados Unidos, el Reino Unido, Suecia y tantos países incluyendo la Unión Europea. La diferencia es enorme: 8 millones de personas sordas en el Reino Unido (2011) y poco más o menos de 1’5 millones en el caso español. Los países antes mencionados, todos ellos, declaran porcentajes entre el 14% y el 17% de su población. Nos sorprendre que no llame la atención el grave hecho de estar descuidando y desatendiendo más de 5 millones de ciudadanos y ciudadanas españoles sordos y sordas. Es una brecha gigante que explica en gran parte el por qué la sordera todavía hoy sufre de un importante estigma social (invisibilidad, tabúes…).

Vale la pena recordar que la sordera se encuentra en el tercer escalafón del podio mundial de “enfermedades” crónicas, solamente superada por las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. Y nunca hallamos la sordera en ningún podio de enfermedades o condiciones que reciben inversiones de cualquier tipo (filantrópicas, para I+D…). Motivo por el cual el desarrollo del ámbito y de todos los grupos de interés vinculados al mismo es muy pobre y lentísimo. A veces imperceptible.

Y con ironía, recordamos también un detalle interesante e importante: no existe en ningún vademécum el “durodeoidísmo” tan propio de nuestra cultura (“Yo no soy sordo, soy duro de oído”, cuántas veces hemos oído esto…). La sordera no es un asunto de blanco o negro precisamente, es algo objetivo decir que se trata de algo diversamente y ricamente heterogéneo, con miles de perfiles que se llegan a contradecir incluso con características similares. Tratar de ver la sordera en blanco y negro es como observar un castillo de fuegos artificiales sin color. Centenares de miles de personas de la tercera edad son personas sordas, también. Y tantos otros trabajadores de distintas industrias con gran riesgo auditivo. Pero sólo “da la cara” la sordera profunda y ello dificulta la cicatrización de la brecha comentada anteriormente.

Siendo tan evidentes los contrastes de datos con los otros países, ¿por qué no se revisa? ¿Qué motivos pueden existir para no realizar un simple recuento bien hecho y riguroso? ¿Por qué no se discute cómo se registra la población con sordera? ¿Cuáles son los criterios que han determinado que España goza de buena salud auditiva y tiene un porcentaje ridículo de personas sordas? ¿A quién compite el recuento oficial? ¿Cómo se puede reclamar una revisión de este recuento? Es evidente que un debate con tantos interrogantes exige una atención y resolución urgente. Más evidente es que con un recuento actualizado y si fuera acertada la previsión que siempre defendemos nosotros de 7-8 millones de españoles sord@s, otro gallo cantaría en lo que a la atención a la población con sordera se refiere. Los recursos que se podrían obtener con un reconocimiento real son aquellos que hoy impiden avanzar al ámbito. Con 7-8 millones la sordera no dependería tanto de la buena fe ni solidaridad de nadie. Y la crisis no es excusa sino un inflamable: empeora la situación históricamente frágil de las personas sordas españolas. La crisis es un motivo más para que se pongan a ello aquellos a quienes les compite la responsabilidad de dinamizar el ámbito y facilitar su desarrollo.

Es tal la escasez de debate e interés que tienen más peso las creencias “populares”, capaces de enfadarse sin sentido cuando reivindican un porcentaje todavía menor al oficial. El gran desconocimiento de la sordera, ya para terminar el artículo, se refleja muy bien en la siguiente reflexión: ¿Por qué la población general conoce perfectamente la ONCE y en cambio desconoce en inmensa parte las federaciones de sord@s españolas? Seguramente las federaciones tienen parte de responsabilidad pero es justo reconocer que un reconocimiento tan mínimo de la sordera a nivel social e institucional no facilita a nadie las cosas.

Apostamos todo y sin dudar a un reconocimiento futuro –y deseamos que próximo– de un porcentaje fiable y real de la población sorda española.

 

 

Unos que toman café y aprovechan para saludar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Vamos todos a oír de coña

vocero

Hay veces que cuando uno percibe la publicidad, los “claims”, de los productos audioprotésicos, poco le falta para llegar a la conclusión de pensar “de acuerdo, soy un estúpido ignorante de la vida y hasta hoy no me he dado cuenta”.

Hablamos de cuando te venden la moto con frases del tipo “vas a oír” y otras referidas a las calidades de distintos sonidos y contextos ambientales. No estamos hablando de si las nuevas tecnologías “son la ostia” o no (que lo son, ¡y de qué manera por suerte!), simple y solamente hablamos de la subliminalidad publicitaria, del trasfondo que tienen los mensajes publicitarios y comerciales. No olvidemos que tratamos productos que están en una suerte de limbo legal que les permiten ser imprescindibles en un ámbito sanitario y vital, incluso público pero, tachán, al mismo tiempo y no precisamente por arte de magia también se encuentran en un ámbito más privado que un coto de caza donde la regulación, las garantías, los costes no añadidos, las coberturas, los copagos, los retrasos, el lucro, la discriminación, los indicadores de calidad y tantos otros detalles darían para debates eternos y crónicos.

Sorprende cuando la publicidad adquiere la primera persona directa del afectado, del usuario, del ciudadano, del paciente, del profesional con sordera. Sorprende cuando matiza los avances no en el plano técnico (como un coche: “ahora incorporamos más cavallos y una nueva tecnología que asiste a la conducción”) sino en un plano me atrevo a decir más emocional, más no personal sino íntimo. Cuando proclaman que se va a poder apreciar matices musicales, por ejemplo, te preguntas “¿En las orejas de qué tipo de sordo va a suceder eso?”. ¿Cómo narices sintetizan en una sola línea publicitaria el resultado que desean miles de perfiles distintos de sordera? ¿Hasta qué punto es noble este abuso de una verdad terriblemente subjetiva, que se vende a doquier?

¿Dónde están las líneas rojas que una cuestión sanitaria y vital merece tener para disponer de protección frente los intereses perjudiciales para el usuario? Si vendo tabaco no puedo publicitarlo de muchas maneras que facilitarían una interpretación errónea o desviada, tengo una serie de reglas, condiciones y leyes que acotan mi campo de actuación y la forma de actuar. En cambio, si vendo implantes o audífonos, desconozco hasta qué punto llegan a ser restrictivos… creo que lo que podemos decir es que no tiene el mismo grado de restricción aún mereciéndolo más que el tabaco y tantos otros productos correctamente regulados. No cuando todavía hoy estamos condenados a pagar de nuestros bolsillos la posibilidad de oír y hablar. Nadie está obligado a comprar tabaco. La sordera no es un vicio ni una adicción.

Sorprende también como a día de hoy y gracias a las TIC y al uso global y masivo de las mismas, cualquier cosa se lleva fácilmente a un punto máximo de adoración súbita (de forma “viral”) en detrimiento del mérito técnico y probado con un reiterado ensayo-error que hoy en día prácticamente no se respeta o bien se “escaquea” reduciéndolo a la mínima expresión. Inventamos hoy, probamos mañana y hala, pasado mañana ya lo vendemos como el Santo Grial. Que no se sientan ofendidos los especialistas, puesto que esto sucede en todos los arrozales de todos los ámbitos, no es nada que sea de autoría exclusiva…

Aplaudimos todos los experimentos, todas las novedades y los emprendedores que arriesgan y apuestan por nuevas vías, nuevas técnicas, nuevos avances. Pero nos gustaría aplaudir también en paralelo una crítica constructiva que actuara con justo contrapeso. Entendemos que nuevos descubrimientos aplicados en pocas personas deben tratarse con interés y dándoles soporte máximo pero manteniendo distancias prudenciales, posiciones que no les brinden de antemano promociones, méritos, publicidades, famas o medallas de ningún tipo. Y es que hoy en día, como decíamos con el uso global y masivo de las TIC, una simple foto en las redes sociales con un doctor no es más que una acción publicitaria excelente a coste cero a menos que se matice perfectamente el mensaje y contexto que la compañe (cosa ya poco menos que milagrosa e inusual por desgracia). No es difícil de entenderlo, no tenemos que demostrar que hoy en día vemos 10 veces más las redes sociales y la mensajería que la mismísima televisión. La chorrada que diga cualquier persona puede convertirse en la noticia del día para Fulanito, perfectamente. Fulanito lo comenta en la cena y cuatro familiares toman de la misma pócima subliminal. Y una verdad como un templo en portada de un periódico, sea impreso o digital, da igual, “pasa” frente la vista de Fulanito como un paisaje decorativo comprado en el chino. A menos que haya sangre o algo que nos saque de nuestro aturdimiento, claro. Pero lo que dice una persona de mi confianza, según como, puede obtener mayor difusión que una noticia elaborada y trabajada en equipo por distintos profesionales periodistas, consultores, especialistas… Hoy en día, todos hacemos constantemente publicidad y los más listos, incluso márketing.

No aplaudimos los gestos ambiguos aunque entendemos que la mayoría de las veces no existe un propósito malintencionado detrás. Lamentamos que la viralidad pueda difundir a mansalva sin tener en cuenta la calidad del contenido. Aceptamos eso sí, que lo que debemos criticar también es la falta de consenso en general, la ausencia de sinergía en las diferentes estrategias de los grupos de interés y sus líderes a la hora de desarrollar contenidos informativos rigurosos, medidas de seguimiento y control, establecer indicadores de calidad y velar por una dinámica estimulante y constructiva. Estamos en un inmenso puzzle y no sería nada acertado decir que una pieza tiene la culpa del desorden general. El juego perdería toda la gracia, por otra parte. 😉

Vamos a oír de coña. Al unísono. Triunfalmente. Y pasaremos cogidos de las cócleas por debajo del Arco del Triunfo. Marcharemos hacia la gloria.

A los dos pasos, nosotros nos apeamos porque hemos visto una cafetería con una terraza muy bonita. Allí nos pediremos unos cafés de semillas excrementadas por linces asiáticos.

El equipo cafetero

Segunda semana de consultas al ámbito sordo español

Nos informan desde http://www.delphisordera.org que la consulta acerca las políticas sociales de las personas sordas en España ya se encuentra en la segunda de las cuatro semanas que dura el plazo de respuestas hasta el próximo 10 de abril. Así, esta misma semana han empezado a enviar los primeros recordatorios a los invitados y posibles participantes, después de hacerles llegar las invitaciones la semana pasada a todos ellos.

También sigue la captación general de participantes, abierta sin excepción a cualquier persona interesada en aportar su prospectiva para los próximos años 2015-2020. Desde el blog de QuéCafè os animamos a participar en este estudio que a buen seguro reportará interesantes conclusiones para todos los sectores del ámbito.

Accede a la versión española www.delphisordera.org o bien si prefieres la versión catalana www.delphisordesa.org. Ambas versiones cuentan con la incorporación de la Lengua de Signos Española y Catalana (LSE-LSC) a las preguntas de la consulta.

Participa en la consulta acerca la política social de las personas sordas en España

El pasado lunes 16 de marzo se puso en marcha la consulta “Política Social y derechos de los ciudadanos sordos en España
Escenarios de evolución 2015-2020“, un estudio prospectivo que cuenta con un panel de más de 300 invitados profesionales y expertos y abierto a la participación ciudadana a través de la página web www.delphisordera.org.

La realización de la consulta, después de un par de fases de trabajo intensas que han durado 13 meses a caballo entre Barcelona, Madrid y Estocolmo, ha contado con la colaboración voluntaria de más de 25 especialistas del ámbito. La dirección del proyecto, a cargo del Sr. Fluvià Artells, ha contado con la supervisión y asesoría de un equipo de especialistas de primera línea en el ámbito: Dra. Claveria, Sra. P. Calvo, Sra. M.J. Jarque, J. Garrusta, R. Meneu, J.J. Artells i S. Peiró. Entre los invitados figuran líderes sordos de las principales asociaciones y federaciones, familiares, ciudadanos, otorrinos, audioprotesistas, logopedas, intérpretes, maestros, profesores, psicólogos, pedagogos, catedráticos, presidentes, gestores, políticos, periodistas, altos directivos…

A pesar de tratarse de un cuestionario riguroso y el cual exige conocimientos profundos al tratar diversos sectores (salud, educación, empleo, accesibilidad, derechos…), no debemos dejarnos engañar: no está dirigido solamente a expertos sino a un público general. El estudio también pretende analizar, entre otros aspectos relevantes, el nivel de desconocimiento general acerca la sordera española. Es decir, que participar y enviar el cuestionario sin ninguna cuestión respondida no deja de ser una aportación tan valuosa como aquél cuestionario con respuestas “expertas”, puesto que nos ayudará a reivindicar la necesidad de mejorar la difusión de información general. Si el ciudadano no muestra un nivel de conocimiento adecuado, el ámbito deberá esforzarse para analizar el motivo y tratar de mejorar la educación ciudadana de la que es en parte, gran responsable.

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Cada una de las cuestiones planteadas en la consulta cuenta con enlaces para la visualización de las mismas en Lengua de Signos Española LSE y Lengua de Signos Catalana LSC. También cuenta con un anexo para las aportaciones de información abiertas y la opción de renunciar al cuestionario con exposición de motivos.

El informe de resultados de la consulta se publicará en formato pdf en la misma página web y con licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0 International, la cual permite la libre distribución y manipulación sin ánimo de lucro y con la condición de respetar la misma licencia en las obras derivadas. Todos los participantes recibirán el informe de resultados en el contacto que hayan proporcionado en el registro de la consulta.

El equipo cafetero os anima a participar para contribuir a la aportación social de las personas sordas y al desarrollo de las políticas sociales relacionadas con la sordera en España. Ya sabéis que nos encontramos en un ámbito con retrasos y recortes, sin la potencia de otros ámbitos que cuentan con más y mejores apoyos: es importante participar en las iniciativas relacionadas con la sordera con el fin de que las mismas sean fructíferas y acaben resultando un avance para el colectivo y la sociedad en general.

Nosotros nos animamos a participar, ¿y tú?

www.delphisordera.org

 
Quecafeter@s

Nueva guía informativa para familias

Punto Libro HSJD_CREDAV Punto Libro HSJD_CREDAV2

Hace unas semanas se presentó este librito informativo para padres y familias de niños sordos, realizado por profesionales médicos y educativos del Hospital Sant Joan de Déu y el CREDAV Jordi Perelló de Sabadell y la colaboración de personas sordas en la ilustración, diseño y maquetación de la guía. Se trata de una sencilla interpretación de los protocolos universales de detección, diagnóstico, intervención y seguimiento que aplican conjuntamente los departamentos de Salud y Educación de cada CA. Esta guía concretamente se ciñe al escenario catalán y se distribuye en el hospital Sant Joan de Déu y en los centros de atención específica al alumnado sordo (CREDA). Podéis acceder a los contenidos de la misma mediante el siguiente enlace desde el cual podréis visualizar en pantalla o descargar una versión gratuita PDF. Se ofrece en castellano y catalán. http://www.hsjdbcn.org/Controller?_fb=tsch&_fp=0&pAction=_factory&lang=es&idPortlet=5066

El despropósito del recuento de sordos en España

¿Por qué no hay ninguna fuente fiable que ofrezca una cifra correcta de sordos españoles? ¿Por qué el mismo Instituto Nacional de Estadística ofrece una cifra que no se acerca a la realidad? ¿Cómo se recuentan las personas sordas? ¿Qué criterio determina si lo son o no? ¿Valoramos la tercera edad sorda? ¿Discriminamos tanto la mayoría como la minoría sorda?

Según distintas cifras oficiales, la cifra de sordos españoles es de aproximadamente un millón y medio de ciudadanos con sordera de distinto grado.

Apasionante tema histórico y polémico. Histórico por nuestra incapacidad en contabilizar los ciudadanos españoles que padecen algún grado de sordera y polémico porque aún disponiendo de herramientas fiables para ello, nunca hemos hecho un recuento impecable y con garantías. Y lo peor es que no es necesario un conocimiento profundo para convencerse rápidamente de que prácticamente TODAS las cifras que ofrecen instituciones, federaciones, asociaciones y tantos expertos no tienen ningún tipo de rigor siempre y cuando contemplemos el recuento de personas sordas con cualquier grado de sordera. Es decir, si realmente contabilizamos las personas sordas sin ningún tipo de discriminación.

Porque hacer un recuento arbitrario y digámoslo abiertamente, descaradamente sesgado, es discriminar a una persona sorda por cualquier motivo. Por ejemplo, por pertenencia a una comunidad, por el uso de una u otra lengua, por disponer de más o menos grado de sordera, por tener una alfabetización mejor o peor que la de otros sordos, etc… Todo esto son discriminaciones evidentes según la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad. Por lo tanto, aquellas cifras que bailan alrededor del millón y medio de personas sordas españolas (las cifras oficiales se mueven por ahí, glups) son cifras que expresamente o no discriminan a las personas sordas porque solamente expresan una sexta parte de la realidad, se dejan en el tintero más de 5 millones de españoles sordos.

Hagámoslo de una manera pedagógica: pasemos de enrollarnos con teorías sujetivas y provoquemos al lector para que lo descubra por sí mismo. Como hemos dicho, no se precisan de conocimientos exquisitos ni mucho menos para investigar desde el ordenador de casa y salir a la búsqueda de la cifra escondida. Su evidencia es de tal calibre que es facilísimo con un par de palabras clave de encontrar referentes fiables para mejorar nuestro pronóstico de población sorda con un criterio mucho más elaborado que el del propio INE.

Ahí van unas cuantas pistas y palabras clave que te ayudarán en las pesquisas:

– Cifras de habitantes sordos ingleses, suecos y americanos, entre otros.
– Pasar las cifras a porcentajes (encontrar población total y calcular proporción). Eso nos ayudará a apreciar mejor el detalle, puesto que nos liaremos comparando países con una diferencia abismal en la cantidad de habitantes. Con los porcentajes, nos ahorraremos tener que imaginar o intuir la semejanza o contraste de cifras.

– Considerar si el recuento es de nacimientos, si se recuenta la sordera tardía, de la tercera edad, la sordera laboral y si las pluridiscapacidades eliminan de las estadísticas aquellos perfiles que tienen la sordera entre sus patologías distintas.
– Considerar qué grados de sordera NO se recuentan. Considerar si el grado de discapacidad (o el hecho de disponer el certificado) influye en el recuento.
– Considerar cómo narices se contabilizan todas las personas sordas “normalizadas” y escondidas. Aquellas que aparentemente se diluyen en la ciudadanía y que ellas mismas no desean ser contabilizadas por distintos motivos (por no sentir pertenencia por ejemplo).
– Pista: la cifra más aproximada resultará ser un mínimo de 6 veces la cifra oficial española.
– Pista atrevida: la cifra oficial de sordos españoles se acerca más bien a la que debería ser una cifra catalana. Así de desviado es el contraste entre la oficial española y las oficiales de otros países.
– Pista: los recuentos más sólidos y fiables superan de largo el 12% de la población total e incluso rebasan el 15%. Es el caso de Inglaterra y Estados Unidos.

Bien, creemos que hay suficientes pistas para encontrar páginas donde consultar cifras que nos ayudarán a determinar nuestro propio recuento.

¿Y tú? ¿Cuántos sordos te pensabas que existen en España?

 

Cifrasbailongas